¿Quién no se ha hecho esa pregunta? ¿Cuál es el sentido de la vida?
A lo largo de mi vida he escuchado dos respuestas principales:
- Venimos a amar y ser amados.
- Venimos a ser felices.
Son respuestas que el mundo propone, pero vienen con trampa porque son verdades a medias. Presentan el amor como un sentimiento egoísta y la felicidad como un mero hedonismo.
Las verdades a medias del mundo frente a la certeza de la muerte
Después de una crisis existencial, descubrí que el verdadero sentido de la vida es salvar el alma. Como dijo nuestro Señor: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su vida y se condena?»
No importa si eres la persona más exitosa, poderosa o amada del planeta; de nada sirve si al final te condenas.
Biológicamente nos dicen que nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Pero ni eso está garantizado:
- Con el aborto, nadie te asegura siquiera el derecho a nacer.
- Nadie te asegura que vayas a crecer y desarrollarte plenamente.
- Nadie puede asegurarte que tendrás hijos.
Sin embargo, todos tenemos una sola certeza: algún día vamos a morir.
Entonces, ¿cuál es el sentido de vivir si la vida tiende indefectiblemente a la muerte? La respuesta es sencilla: la muerte no es el fin, sino el inicio de la vida eterna.
Conocer, amar y servir a Dios: Tu fin último
Estamos en esta vida para salvar el alma y ganarnos el cielo. La Iglesia lo resume muy bien en tres acciones fundamentales:
- Conocer a Dios.
- Amar a Dios.
- Servir a Dios.
¿Y qué significa esto en la práctica? ¿Significa acaso que tienes que hacerte religioso y dejarlo todo? Para nada. Como joven debes tener sueños y metas: ser un gran deportista, un gran profesionista, ser empresario, ser padre o madre, o dedicarte con entrega a cuidar a tu familia.
A todas esas metas, yo solo le agregaría una palabra: santo. Puedes proponerte lo que sea en este mundo, siempre y cuando esté alineado a tu fin último, que es la salvación de tu alma.
Si una meta o una ambición pone en riesgo tu salvación, no es un camino: es una tentación.
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