Hoy quiero darte un consejo que me hubiese gustado recibir a mí en mi juventud sobre la castidad en el noviazgo y por qué las relaciones prematrimoniales no son recomendables.
En primer lugar, desde la perspectiva de la fe, la relación prematrimonial es un pecado que ofende a Dios, y con esa sola razón debería ser más que suficiente. Sin embargo, viéndolo también desde el plano puramente humano y racional, la castidad guarda una sabiduría profunda para el futuro de la pareja.
El verdadero propósito del noviazgo: Conocerse sin cegueras
El noviazgo existe con un fin muy claro: conocer a la otra persona, aprender a dialogar y ponerse de acuerdo. Es una etapa de discernimiento para saber si realmente deseas unir tu vida a ella o si estás perdiendo el tiempo.
En la vida conyugal, aquello que era bueno durante el noviazgo suele reducirse en intensidad, mientras que los defectos o detalles difíciles tienden a amplificarse con la convivencia diaria.
El riesgo de las relaciones prematrimoniales y el apego desmedido
El gran problema de mantener relaciones antes de casarse es que nublan el verdadero propósito del noviazgo:
- Generan un apego prematuro: Crean un vínculo más enfocado en lo emocional y lo carnal que en la compatibilidad de vida.
- Ciegan el discernimiento: Este apego lleva a que se formen parejas disparejas, unidas por la pasión pero sin fundamentos sólidos para el compromiso.
Aunque Dios en su infinita misericordia concede la gracia del Sacramento del Matrimonio para sostener a las familias, el camino previo se facilita cuando se respeta el orden natural y espiritual.
Si pudiera regresar en el tiempo, aplicaría firmemente la castidad durante el noviazgo. El objetivo del noviazgo no es pasar el rato, sino descubrir con claridad si esa persona es la indicada para formar un hogar para toda la vida.
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